

Abandonamos
Meteora con
tortícolis pues no podemos dejar de mirar
atrás.
El calor empieza a apretar a finales de la primavera y las carreteras secundarias que nos conducen hacia el Mar
Egeo no tienen un
kilómetro llano. Cansados y deshidratados llegamos al fin a los pies de monte Olimpo.

Colocamos la tienda en la orilla del mar y sólo con lo imprescindible comenzamos la
ascensión a esta
mítica montaña. Tratamos de remontar todo lo posible en bicicleta y vamos dejando a nuestros pies un paisaje
típicamente mediterráneo. A 1100
mts. candamos las bicicletas y por un
zigzageante sendero empezamos a caminar. Esbeltas hayas y enormes pinos negros nos
acompañaran hasta el refugio donde pasaremos la noche (2100
mts).
A las 6,00 de la
mañana el sol asoma por el horizonte y antes de que éste apriete nos ponemos

en marcha. La
vegetación empieza a escasear, vemos algunos sarrios y a las dos horas llegamos a la cima del
Mytikas. Por suerte el
macarrónico proyecto del
politiquillo de turno de construir un
teleférico hasta lo más alto de este Parque Nacional, quedo frenado por la
oposición de montañeros y ecologistas.
Ahora desde la solitaria
cúspide el monte Olimpo, casi podemos tocar el mar (menos de 25 km. nos separan). Por delante un descenso de casi 3000
mts . - Que pereza!-

Tratamos de buscar en las cercanas praderas a
Pegaso y descender
así a lomos del caballo alado. Pero éste no aparece, por lo que no queda otro remedio que caminar. Al menos, nuestras fieles monturas de dos ruedas nos esperan a mitad de camino para volar en el final del descenso.
A las pocas horas de almorzar con
Zeus en la cima de la montaña, nos sumergimos de la mano de
Neptuno en las cristalinas aguas del Mar
Egeo.
Fatigados, nos tumbamos en la arena y al fin nos sentimos como los dioses del Olimpo.